viernes, 16 de junio de 2017

Reseña: El Gato Negro y otros cuentos de horror.


Hoy os traigo un libro de uno de mis autores favoritos, un clásico de la literatura de terror y el gran maestro del género gótico, Edgar Allan Poe. Se trata de una recopilación de algunos de los mejores cuentos del autor que inspiró la obra de genios como Lovecraft o Julio Verne. Casi nadie. El libro ha sido publicado por la editorial Vicens Vives (aquí) que, como sabéis, es una firma muy enfocada al aspecto educativo. Por eso, los títulos que publica, suelen tener comentarios aclaratorios y ejercicios finales, obviamente destinados a un público escolar. Esto puede echar para atrás a alguno, a priori, pero ya os adelanto que no supone ningún problema para la lectura, ni desluce el libro en absoluto.




¿Por qué decidí leer El Gato Negro y otros cuentos de horror? Me encanta la literatura clásica, es algo que a veces me cuesta más de un acalorado debate, y es cierto que hoy en día un cuento de terror de Poe está más que superado, en cuanto al efecto que produce, por cientos de libros que presentan descripciones mucho más aterradoras. Es inevitable, sucede como con el cine, con el tiempo nos vamos haciendo más insensibles al estímulo y el efecto inicial se diluye. Pero siempre he defendido que hay que perder el miedo a los clásicos, precisamente porque permanecen ajenos a ese crescendo de efectos especiales que nuestros sentidos parecen demandar. En ellos se mantiene la esencia original y es cierto que, cuando uno lee un libro de Poe, o de Dickens, o de Kipling… el sabor que te dejan, la calidad de su prosa y de la historia que han construido, despeja cualquier duda acerca de su condición de clásicos a pesar del paso del tiempo. 
Además, la figura de Edgar Allan Poe, me parece sumamente atractiva, uno de esos autores que, tras su muerte, se ven envueltos en una falsa mitología construida interesadamente. A Poe se le atribuyó una excesiva relación con las drogas y el alcohol, un espíritu atormentado, que lo convirtió en una figura casi “maldita” que no se corresponde con la realidad. Un caso parecido al de Lewis Carroll, del que ya hablé aquí. Paradójicamente, de no haber sido por este aura que rodeaba su figura, tal vez Charles Baudelaire nunca se hubiera sentido atraído por su obra, y no le hubiera hecho tan conocido en Europa.

¿Cómo es la lectura de El Gato Negro y otros cuentos de horror? Como suele decirse, no están todos los que son, pero sí son todos los que están. Se trata de una recopilación de cuentos, algunos de los más famosos de Poe, aunque es cierto que quedan fuera otras de sus grandes obras, como Ligeia, El Enterramiento Prematuro, El Demonio de lo Perverso, o el archiconocido El Cuervo (que no es un cuento, sino un poema), por poner algunos ejemplos. Aunque hay que especificar que Poe escribió cuentos, no sólo de terror, sino de varios géneros, y en este volumen se ha hecho una selección de los títulos más representativos del género de terror, gótico o macabro.

Los títulos aquí comprendidos son: El Gato Negro, El Caso de Mr. Valdemar, El Barril de Amontillado, La Máscara de la Muerte Roja, Hop-Frog, El Pozo y el Péndulo, El Corazón Delator y La Caída de la Casa Usher. En ellos, lo que más impresiona al lector es la atmósfera que Poe es capaz de crear, con una maestría única, en mi opinión, muchas veces imitada pero nunca superada. Poe logra asfixiar al lector dentro del sufrimiento mental de sus personajes. Un ejemplo magnífico de ello es el cuento El Pozo y el Péndulo, donde Poe transmite toda la angustia que siente el prisionero protagonista con cada bajada del péndulo que lo amenaza. Él, atado, nada puede hacer, y el desasosiego del lector crece en cada línea. Casi llega uno a desear que descienda de una vez y acabe ya con el sufrimiento. Otro buen ejemplo lo encontramos en el que es, en mi opinión, su mejor cuento, La Caída de la Casa Usher. El desarrollo de la trama, no exenta de momentos entrañables en la relación entre el protagonista y Roderick Usher, siempre envuelta en el misterio, hace que deseemos llegar al final, porque uno no es capaz de vislumbrar cuál será el remate de Poe a la historia, lo cual es una constante en toda su obra. Y es algo tremendamente difícil de lograr en un relato corto, sólo al alcance de un verdadero genio.
Aunque se trata de cuentos macabros, no están exentos de cierta dosis de humor, como en El Barril de Amontillado, o la tierna relación que se bosqueja entre los protagonistas de Hop-Frog sin apenas aludirla. 

Como decíamos al comenzar esta reseña, el libro incluye además algunos textos auxiliares, muy útiles para comprender el contexto y motivaciones de Poe para escribir sus cuentos, o para entender el significado de los mismos. Y también algunos ejercicios finales de análisis y comprensión del texto, dado el especial cuidado que Vicens Vives pone en el aspecto educativo. No quiero terminar este apartado sin hacer especial mención de las preciosas ilustraciones de Jesús Gabán, que acompañan a cada uno de los capítulos.



¿Volvería a leer algo de Edgar Allan Poe? Esta parte de la reseña la he mantenido por seguir la línea tradicional, pero realmente es una pregunta que sobra. ¿Cómo no leer a Poe? Sin duda, hay que conocer su obra, hay que leer a los clásicos. Parecen un rollo y todos tenemos esa impresión cuando nos iniciamos en la literatura. Los clásicos son un tostón y eran señores muy rancios que escribían cientos de páginas en letra muy pequeñita sólo para fastidiar a las personas del futuro. Pero para nada es cierto, los escritores clásicos no eran los únicos escritores de su época. Son considerados clásicos sobre todo porque supusieron una revolución en la forma de ver el mundo y contarlo a los demás, y eso es mucho decir en cualquier época. En ellos reside la esencia de lo que hoy nos gusta, de la cultura popular que nos rodea. Las influencias de la historia de El Cuervo, o El Corazón Delator en la cultura de nuestros días, son innumerables, y no sólo en la literatura; otros fenómenos de masas como Los Simpson, o el cine de Tim Burton, beben de la herencia de Poe. Los llamados clásicos, son el origen de muchos de los iconos de la actualidad, más de los que creemos, y es necesario conocerlos para entender cómo funciona y cómo piensa nuestra sociedad. Eso sí, luego cada uno tiene sus preferencias, y no es necesario "apretarse" la Ilíada, la Odisea y la Eneida sólo para poder contarlo.

Qué os parece, ¿os gusta leer a los clásicos de la literatura o preferís guardarlos en lo más recóndito de vuestra biblioteca?

¿Os apetece que invitemos a Yeivit a mi sección 'Reina Curiosa' para que nos haga un artículo sobre Por qué leer literatura clásica y nos dé consejos para saber por dónde empezar?

Otras reseñas de Vicens Vives:

🔖 Madame Bovary.

Gracias por vuestros comentarios

lunes, 12 de junio de 2017

Reseña: Manual de Pérdidas.

Mis queridos seguidores, ¿hace calor o es cosa mía? Esta pregunta está dedicada sobre todo al hemisferio norte y en concreto, a los españoles que como yo, están sufriendo este verano con prisas. Entre vaso de agua y vaso de agua para apaciguar las altas temperaturas, os voy a hablar de Manual de Pérdidas, una obra de Javier Sánchez que he calificado muy positivamente (podéis ver mi valoración en Goodreads aquí). Vamos allá con el abanico en la mano (qué 'exagerá' me pongo).



¿Por qué decidí leer Manual de Pérdidas? Por la portada no, desde luego. Lo siento, pero tengo que ser honesta. Cuando vi el libro me horrorizó la parte delantera del mismo. Y creo que a muchas personas les puede ocurrir exactamente igual. Es por ello que lo expreso nada más empezar para animaros a continuar leyendo, a pesar de todo. Sé que hoy en día estamos acostumbrados a portadas impactantes, y muchos nos dejamos llevar por la parte más visual de un libro, pero en ocasiones, un diseño más sobrio puede esconder grandes sorpresas. Sí, yo leí la sinopsis y posicioné este libro entre los primeros en mi interminable lista de lecturas pendientes. Así que, os digo con conocimiento que merece la pena.

¿Cómo es la lectura de Manual de Pérdidas? Una lectura obligatoria. De hecho, mientras lo leía, pensé que podía ser perfectamente un libro recomendado para jóvenes estudiantes dentro de la asignatura de Lengua y Literatura. Por un lado, la calidad narrativa es muy alta, por otro, sensibiliza acerca de una enfermedad que está a la orden del día en el siglo XXI, y por último, remueve muchas emociones en el lector, instándole, entre líneas, a disfrutar del tiempo presente, a ser generoso y a decir las cosas a tiempo, entre otros.

Javier Sánchez tiene un estilo narrativo muy curtido, haciendo un buen uso de las metáforas, las descripciones y el tono emocional de la novela. Especial mención ha de hacerse al exquisito vocabulario que maneja el autor, con una elegante terminología que nos recuerda a los escritores de antes, más preocupados por el cómo se dicen las cosas, y no tanto por el qué se dice de las cosas. 

Con esto anterior no quiero asustaros, pues Javier también dice muchas cosas. Entre ellas, Javier nos habla del ladrón Alzheimer, de los libros antiguos, de un camino de vuelta y de la imparable vejez. Como psicóloga, he quedado sorprendida al ver tan bien expuesta las fases de esta enfermedad neurodegenerativa dentro de una obra de ficción. De una manera sencilla, e hilando a la perfección la trama, el autor va relatando los cambios y el desgaste que produce esta lacra tanto en el enfermo como en el cuidador. El enfermo de Alzheimer es nuestro protagonista principal, un coleccionista de libros antiguos. En un precioso gesto de despedida, decide devolver aquellos libros que le fueron regalados a las personas que lo hicieron, y así desprenderse de ellos a la vez que los recuerdos se desprenden de él. Con este escenario, podéis imaginar cómo se nos encoje el corazón, asustado y emocionado a la vez.

El libro también nos habla de la vejez, con respeto y cariño. Nos habla de las cosas que no hicimos, de las palabras que nos callamos y de las personas que un día conocimos. En una colosal metáfora, el autor nos departe al mismo tiempo sobre un pueblo que tuvo que ser deshabitado por una invasión de hormigas y de un cuerpo que también, de alguna manera, está siendo despoblado por la  enfermedad. Javier, en todo momento, hace comparaciones poéticas que el lector, de ser aprovechadas, va a disfrutar mucho. Con este pueblo desolado, la antigua Avellaneda, atisbámos el primer guiño. También el ambiente árido de nuestra Extremadura, entre los dedos del escritor, es el segundo toque de trompeta para un lector que tendrá que mascar el barro, las ruinas, la tierra, y las arrugas en forma de metáforas. 

Y hablemos de los libros, y el amor que esta novela les declara. Ellos son los héroes de la novela, pues ayudan a que el viejo protagonista emprenda un viaje de retorno a través de historias y personas. También la hija y cuidadora principal del personaje, es un ejemplo de amor, resistencia y paciencia hacia un ser que se va apagando. Y por supuesto, la memoria, aunque en esta novela no salga ganando, reclama su importancia a partes iguales. Pues la memoria nos golpea con fuerza, dejando entrever en las páginas atrocidades, desamores, dudas y nostalgia que se clavan en el lector como un puñal, dejando un sabor amargo al finalizar la lectura.

Y es que al final todo es amargo, pero también bonito. Es como si al mirar un desierto sin vida atisbásemos cierta paz entre la tierra apelmazada. Con ello cierras Manual de Pérdidas, un libro, que si te atreves a leerlo, dará aún más valor al resto de tu estantería, al resto de tus tesoros. Al fin y al cabo, un día todos nos convertiremos en polvo, y quizá sea el mismo polvo que ahora recubre nuestros libros.

¿Volvería a leer algo de Javier Sánchez? Sí. Aprovecho esta última parte de la reseña para contaros que es el segundo escritor extremeño que tengo el placer de leer. Yo soy de Extremadura y es un placer contribuir a la literatura dentro de este territorio. Así pues, seguiré la pista del autor.

¿Y vosotros, queridos lectores? ¿Alguna vez os habéis encontrado con un argumento como éste? ¿Soléis regalar libros dedicados? ¿Os llama la atención Manual de Pérdidas?

jueves, 8 de junio de 2017

Reseña: La Maestría del Ser.

Hola mis preciosos reyes y reinas, ¿cómo estáis? He tenido una semana muy emocionante porque visité la Feria del Libro de Madrid, sobre la cual pronto os traeré una crónica. Pero hoy toca volver a reseñar un libro, y para estrenar el mes de junio, he elegido La Maestría del Ser de Don Miguel Ruiz, editado por Ediciones Urano (aquí).



¿Por qué decidí leer La Maestría del Ser? No he leído nada sobre filosofía tolteca y tampoco había tenido antes el placer de leer a este autor o a su padre (escritor del famoso libro Los Cuatro Acuerdos). Así pues, encontrar La Maestría del Ser despertó mi curiosidad.

¿Cómo es la lectura de La Maestría del Ser? La Maestría del Ser es un libro que puede catalogarse dentro del género autoayuda/espiritualidad. Por tanto, en él vamos a ir descubriendo las reflexiones que Don Miguel realiza sobre su forma de entender la vida. Cada vez que leo un libro de este estilo, espero de él cierta reacción, es decir, espero que el libro sea capaz de remover algo dentro de mí y tenga potencia. Actualmente parece que hay una tendencia en alza de mezclar muchos temas a la vez dentro de este género (por ejemplo, tratar varios aspectos de la vida de un individuo sin centrarse en uno sólo) y por otro, rebajar la espiritualidad con términos más pseudocientíficos para que el lector no se asuste. En La Maestría del Ser tenemos poco de lo primero y mucho de lo segundo. Me explico a continuación.

Me agrada que Don Miguel se centre siempre en el mismo foco. Para él, la domesticación y los apegos son los pilares del sufrimiento humano. Leyendo este libro he tenido muy claro en todo momento cuál es el concepto base, sin embargo, me ha parecido una exposición muy superficial y técnica. Soy psicóloga, he leído muchos libros sobre psicología, y este bien podría etiquetarse como uno de ellos. Personalmente, me apena esta etiqueta porque esperaba de él un mensaje más emocional-espiritual, más sobre la sabiduría tolteca ancestral. En estos casos me da la sensación de que para llegar a un mayor público, se debe hablar en un argot más científico (también debo reconocer que nunca me he llevado bien con los términos domesticación y apego). 

De este libro sólo os puedo decir que es una exposición sencilla y cercana: los ejemplos son muy cotidianos, el vocabulario es muy común y la terminología que usa ya se encuentra en nuestra jerga cotidiana. Sin embargo, no lo puedo valorar con la suficiente fuerza emocional para crear un cambio real, pues me ha parecido un poco frío (creo que echa mano de las herramientas racionales para crear cambio de conciencia, y no de las herramientas cálidas que tocarían más el corazón del lector). Además, mueve a confusión, ya que transmite cierto aura de sabiduría antigua, profunda, y después te encuentras con un ensayo más común de lo que nos esperábamos. Tenía la esperanza de que el camino tolteca hacia la liberación personal era diferente a las terapias que se pueden encontrar en una consulta psicológica. Esperaba un discurso más ancestral.

En cualquier caso, los libros de este tipo son quizás los más subjetivos. Un lector puede tener claro que  no le gusta, por ejemplo, la ciencia ficción, pero cuando se trata de los géneros que apelan por el cambio de conciencia, cualquiera de ellos te puede sorprender. Cualquiera de ellos puede ser el tuyo. Y quién sabe si tu libertad personal se encuentra en éste.


¿Volvería a leer algo de Don Miguel Ruiz? Por el momento no. Quizás sí me animo con Los Cuatro Acuerdos de su padre, porque es un libro que si os soy sincera, tengo pendiente desde hace mucho tiempo.

Y tú, querido lector, ¿te sientes atraído por este libro? ¿Qué te transmite la portada? ¡Nos leemos en los comentarios!
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